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07.07.2007
LEANDRO RODRIGUEZ - EPISTOLA
es milagroso poder llamarlos y sentirlos de esa manera
Amigos, es milagroso poder llamarlos y sentirlos de esa manera en medio del progresivo y desesperanzador avance de la miseria. Cada vez me resulta más firme el hecho de que sólo las cosas hechas con amor nos cambian, nos hacen emocionar, desestabilizan las estructuras y movilizan lo que está verdaderamente dentro de nosotros mismos.
Por lo cual entiendo que la sincera y desmedida amistad, que el amor despojado de la posesión y entregado incondicionalmente son parte indivisible de aquello que nos abre las puertas de la percepción, nos libra de ese ágora egoísta y "chanta", y nos concedería la inédita posibilidad de transgredir el límite, de trascender genuinamente la propia existencia, aquel camino sobre el que tanto se dijo y poco se hizo.
Seguimos en la división y por lo tanto en la destrucción, ya sea de ideas, relaciones, cosas. Nos conviene porque es la salida fácil, que olvidaríamos sin rencores. Lo que no recordamos es que para hacerlo necesitamos "atajos", y vivimos mintiéndonos.
Seguimos pensando en un 100% de las cosas, en un 50 y 50, que todo está hecho, que esto nada más puede dar, que aquello tiene más vida útil, jerarquizando por la funcionalidad. Vivimos 100, 80, 0 10 por ciento resignados, creyendo en todo eso.
Tratamos de comprender científicamente todo, aun cuando no sepamos ni un ápice de cualquiera de las atribuladas ramas de ese árbol. Cuando no comprendemos qué es la ciencia y para qué está, para qué estuvo.
Sólo pensamos en el para qué estará, como idea materialista del futuro. Los autos volarán, se llegará de a poco a cada confín del universo, si es que de verdad se prueba que existe y se determina su tamaño, la esperanza de vida seguramente aumentará (en el sentido "prepago" de la frase, ya que quizás se erradiquen ciertas enfermedades, pero otras esperan su turno para venir), y tantas otras cosas que supuestamente simplificarían la vida de nuestros descendientes...
pero...y nosotros?
Cuándo pagaremos la deuda con nuestras almas? Cuándo haremos lo que sea necesario para que ellos realmente simplifiquen sus vidas y se preocupen por vivir, y no por sobrevivir?
Miramos a cualquier lado, creemos que nuestra aniquilación correrá por cuenta de los extraterrestres, o por las fuerzas de la naturaleza.
Siempre fuerzas externas, como cuando se critica a los políticos, como si hubieran nacido de otra forma.
Pero...tan pocos asimilaron que la humanidad tiene la única llave de su propia destrucción?
Si esto es realmente palabrerío, por qué cada tanto, ante cada acontecimiento llamativo que libera nuestro caudal de imaginación o capacidad de afectarnos, aparece en el medio alguno de estos pensamientos?
Ayer veía con una mezcla de rabia y de asombro en el diario que no es tan loca la cifra de 600000 civiles muertos en Irak a causa de la invasión estadounidense. Y tanto la ONU como el resto del mundo sólo atinan a quedarse impávidos y algunos, conmoverse ante semejante ignominia, ante tal acto de brutalidad. Con que ya muera una sola persona ya es un delito castigable, pero las cosas que comentaban los oficiales que regresaron eran de una impunidad y una locura tal que pensaba que esas eran cosas del pasado, como de la Inquisición o de los más oscuros momentos de las Cruzadas o las Guerras de Religión. Pero sin embargo está sucediendo a unos kilómetros del Obelisco.
Sin ir más lejos, asistimos también a la revelación de la identidad más frívola, egoísta y oscura de buena parte de nuestros compatriotas, en medio de lo que pareciera una reestructuración política, que no es más que la consecuencia de un proceso social que tiene una curvatura casi impredecible. Por no decir que el pronóstico es reservado.
Es en este momento que desde la cultura debe aparecer la contraofensiva. Desde nuestro lugar debemos dar lo mejor posible.
Es en este momento que debemos estar más atentos que nunca, más involucrados que siempre. Inspirados en la realidad, apoyados en nuestros sueños. Sin miedo a compartirnos, a deleitarnos, a comunicarnos. Sin miedo.
Como amigos.
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